Carretera Austral: ¡Sos mía!

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Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor Javi el Mié Mar 05, 2014 5:29 pm desde Bariloche, Rio Negro, Argentina

El momento de soltar amarras fue un viernes por la tarde. El conocido camino hasta la ciudad de Esquel, pasando por El Bolsón, lo hice con la cabeza tratando de desconectarse de lo cotidiano, resulta a veces difícil pasar de un estado a otro de manera inmediata, comenzar a ser consciente de la sensación de libertad que apenas comenzaba, pendiente solo de los horarios para alguna cosa importante que mereciera esa atención pero después mandaría la luz diurna y todo lo que se pueda aprovechar el día, se come cuando hay hambre y se duerme solo de noche.

Durante los primeros kilómetros fui repasando mentalmente las cosas que llevaba conmigo, siempre esa duda de estar olvidándome de algo, pero a medida que me alejo asumo que tengo lo que tengo y si falta algo veremos cómo solucionarlo. A la moto también le presto atención, ruidos, temperatura, consumo habitual, a medida que el viaje se afianza también se consolida mi confianza en ella y ya solo dejo que me lleve.

Al llegar a Esquel me alojo en casa de unos amigos con los que disfrutamos de la cena y una buena charla. ¡Gracias Viviana y Jorge!.

El día siguiente estaba lindo pero muy ventoso. Después de pasar por Trevelin debí tomar el desvío al paso Futaleufú. Comenzó el ripio, que, con viento arrachado me exigía estar sumamente concentrado en la huella, después me enteraría que el día anterior se había accidentado un motociclista brasilero debido a estas condiciones.
El paso por migraciones y aduana, tanto chilena como argentina fue ágil debido a la poca gente. ¡Ya estaba en Chile!

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Atravesé el pueblo de Futaleufu y comencé el entretenido camino hacia Villa Santa Lucia, primer punto de contacto con la Carretera Austral.
Desde ese lugar me volví la vez anterior por las intensas lluvias. viewtopic.php?f=40&t=38832

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El tramo hasta el pueblo de La Junta y luego hasta Puyuhuapi fue lento por los trabajos en la ruta, que obligaban a esperar los turnos de paso en mano única en cada corte, mas una detención obligada debido a un derrumbe que al cabo de un tiempo lograron despejar.

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En Puyuhuapi hice noche, aunque llegué poco más de media tarde y siendo que mi plan original era llegar a Villa Amengual, distante a aproximadamente 90 km, pero la persistente llovizna y las nubes muy bajas decidieron mi detención, si seguía tenía el temor de no poder apreciar la cuesta Queulat, tramo que anhelaba conocer y disfrutar.

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Temprano, la quietud de la mañana hacía que el Canal Puyuhuapi luciera como un espejo, la intensa humedad propiciaba un hilo de nubes bajas que cortaba las montañas. El paisaje se desplegaba como una inmensa postal que invitaba a ser recorrida.

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Luego de pasar el fiordo Queulat comienza la cuesta, el camino de poco más de una mano de ancho comienza a ascender hasta los 500 m.s.n.m., debido a lo trabado da la sensación que se asciende mucho más. La vegetación exuberante se descuelga desde los flancos, helechos y nalcas pugnan por el espacio libre que deja el camino, al llegar a lo más alto del paso se despliegan ante mi boscosas montañas desde donde se precipitan enormes cascadas que apenas puedo ver entre las nubes.

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Me detengo ante la entrada del bosque encantado, un cartel indica una caminata de un par de horas a través de un bosque que abruma los sentidos por lo intenso de su vegetación. No tenía justamente la ropa más adecuada para un trekking pero me adentro unos 50 metros para apreciar ese escenario natural propio de una película, dan ganas de seguir, es atrapante y me queda latente la incógnita por ver que habría más allá.

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A partir de aquí el camino comienza a descender por suaves pendientes, hasta llegar al cruce que conduce a Puerto Cisnes, en este punto me encuentro con el asfalto. Tomo hacia el lado contrario y continúo rumbo al sur.
A poco andar llego a Piedra del Gato, una muralla de piedra a cuyos pies se estrecha el valle por el que pasa el caudaloso Rio Cisnes.

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Antiguamente y hasta que se hiciera el puente en curva que esquiva a ese enorme paredón, el paso se realizaba por el estrecho balcón que se ve al costado del puente.

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Unas pequeñas cruces rinden homenaje a algunos trabajadores que perdieron la vida en la apertura del paso.

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Más adelante el camino va subiendo hasta alcanzar una curva donde está ubicado el mirador, desde ese lugar pude ver el valle por el que venía transitando.

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La ruta perfectamente asfaltada ofrece un sin número de entretenidas curvas y atraviesa paisajes indescriptibles.

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Al llegar al cruce Viviana, desde donde se puede continuar a Puerto Aysen, tomo a la izquierda para dirigirme a Coihaique, pasando por la Villa Los Torreones. A pesar de las nubes que intentaban taparlo todo, se podían ver los enormes y boscosos cerros, con infinidad de cascadas que se precipitan por estrechos cañadones.

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El camino comienza a trepar y escapa lentamente del fondo del valle. De a poco se van perdiendo las densas arboledas para dar lugar a campos de cultivo. Un túnel con una galería de protección fue la solución para sortear la empinada ladera de roca. En la parte más alta del paso, tres enormes generadores eólicos coronan su cima.

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A pesar del intenso viento, trato de asegurar la moto y trepo hasta el mirador desde donde se despliega una espléndida vista de Coihaique recostada sobre las laderas de los cerros al fondo del amplio valle. La geografía agreste del terreno se alterna con domesticadas y suaves praderas cubiertas de pasturas y cultivos.

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Pasar Coihaique fue un trámite sencillo, como preguntando se llega a Roma, ubique un par de estaciones de servicio en la zona céntrica y con una visita fugaz a la ciudad rápidamente escapé de ella, prefiero los espacios abiertos y la búsqueda constante de ver que hay más allá del horizonte.
El paisaje ondulado con algo de agricultura y ganadería fue cediendo a medida que me iba metiendo en la Región del Río Ibáñez y trepando a la Reserva Nacional Cerro Castillo.
Enormes paredones de veteadas y coloridas rocas se encumbran por sobre los bosques de coihues.

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Unos carteles anuncian precaución por las bajadas pronunciadas. EL zig zag de la ruta comienza su caída, el motor ahora va relajado, todo su esfuerzo para ponernos ahí arriba ahora lo emplea para intentar frenar nuestra aceleración producto del descenso.
De pronto, tras una curva, la Cuesta del Diablo se expande ante mí. Observo el enorme valle por el que discurre el Río Ibáñez. La vista es grandiosa. Una serie de divertidas eses me conducirán hasta una bifurcación, a la izquierda hacia Puerto Ibáñez, sobre el Lago Gral. Carrera; hacia la derecha la Villa Cerro Castillo. Ahí me dirijo.

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A mi derecha, y por momentos asomando de entre las nubes que permanentemente se quedan enganchadas entre sus afilados torreones, el Cerro Castillo vigila la región. Su morfología bien podría haber inspirado a J.R.R. Tolkien para alguna de sus fantásticas historias.

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Es casi una obligación detenerse en la Villa en "La cocina de Sole", un par de viejos colectivos apareados, uno de los cuales oficia de cocina y el otro, dotado de bancos y pequeñas mesas permite sentarse a descansar y probar algunas de sus exquisitas comidas preparadas en el momento, con el agregado de una vista magnífica hacia la montaña.

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A partir de aquí, final del día, me esperaban 125 km de ripio hasta Puerto Río Tranquilo. Apenas cruzo el puente desde donde se observa el Río Ibáñez encajonado entre paredes de roca, el ripio me recibe deseoso de ingerir a otra posible víctima. Los primeros 30 km fueron duros, mucho ripio suelto, huellas con serrucho y viento. En un momento quise sacar una foto, freno y cuando apoyo el pie lo hago sobre ripio muy suelto que sumado al viento me desestabiliza y se cae la moto estrepitosamente como un elefante herido, apoyándose sobre la maleta. No sé cómo lo logré pero se desenganchó la parte delantera del asiento, las dos trabas zafaron, no había forma de volverlo a su lugar por lo que el resto de ese trayecto lo haría sentado bastante atrás para que no se rompieran. Al día siguiente tuve que desarmar y volver todo a su lugar. La foto no la saqué.

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Los últimos 25 km, desde Bahía Murta, volvieron el ripio suelto con huellas difusas que obligaban concentración, faltaba tan poco.
Lo primero que me sorprendió fue el primer contacto visual con el Lago Gral. Carrera, el color turquesa de su agua es sorprendente. Ciertos sedimentos glaciarios aportados por los ríos le imprimen ese color tan característico. Este lago es el mismo que baña las costas del pueblo de Los Antiguos, que del lado argentino lleva el nombre de Lago Buenos Aires, siendo el segundo lago en tamaño de América del Sur después del Lago Titicaca.

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Llegué tarde después de 490 km, por suerte ese día había tenido los únicos 300 kilómetros de asfalto que actualmente posee la carretera en toda su extensión.
Al día siguiente muy temprano arreglé el asiento, verifique aceite, lubrique la cadena y dejé mis cosas preparadas.
Contraté la excursión a la Catedral de Mármol, ubicada en una protegida bahía a la que se accede en una lancha luego de una media hora de navegación. Es un lugar por demás sorprendente, las intrincadas formas que el lago a logrado pacientemente horadar sobre el blando mármol a dejado formaciones que sorprenden por su belleza.
Dejaré que las imágenes hablen por si mismas.

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A partir de aquí todo sería ripio, bueno, regular y malo. Los paisajes son cautivantes.
Rodeando parte del lago alcanzo el nacimiento del Río Baker, que es por donde drena el Lago Gral. Carrera hacia el Océano Pacífico, desde el puente se puede apreciar el enorme caudal que tiene, motivo por el cual consta en varios proyectos emplazar algunas represas a lo largo de su curso, en mi opinión, significaría la desaparición de miles de hectáreas de un territorio maravilloso.
El camino a Cochrane se va tornando un poco más árido. Se dejan atrás los bosques en proximidades de Lago Bertrand y se comienza a ganar altitud. Desde lo alto se puede ver el turquesa Río Baker encajonado en profundos cañones.

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Al llegar a Cochrane me detuve en una estación de servicio a las afueras de la ciudad. Repostar combustible y conversar con un chico australiano que recorría Chile también en moto.
Fue fácil pasar la ciudad por la periferia, a la salida un control de carabineros y a partir de ahí me esperaban 126 km hasta Caleta Tortel.
Al principio del camino se transita alto aunque no lo parece hasta llegar a "El Barrancoso", y en ese punto me di cuenta de que venía con algo de altura, curva, curva, curva, y comienza a bajar internándose en un hermoso valle camino al mar. La vegetación cobre importancia, se hace más espesa, aparecen bosques y el camino viborea a través de ellos, pequeños fundos, ganado vacuno, mallines y mas bosques, la humedad reinante propicia la persistente llovizna, debo detenerme a resguardo de un enorme coihue para colocarme el traje de agua, ahora sí, que llueva nomás...

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Los kilómetros pasan, la llovizna se vuelve lluvia, se siente el agradable olor al bosque húmedo, la tarde cae, aún así paro cada tanto a sacar alguna foto y observar, especulo con la distancia que me falta y calculo para no llegar de noche.

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Con la última luz del atardecer entro en Caleta Tortel. Un pueblo extraño, cautivante y magnético, que no tiene calles ni veredas, las casas se apoyan en palafitos y el pequeño pueblo, abrazando la caleta, está unido a través de 7 km de pasarelas de madera de ciprés y coihue.
Llego a un estacionamiento amplio, punto final del camino donde obligadamente se debe dejar todo vehículo. Hago algunas consultas y encuentro un hospedaje próximo a la pasarela de la costanera que recorre a la caleta, subo los 180 escalones que me separan de la moto y vuelvo a descender cargando todos mis bártulos.
El día se agota. Coincidimos en el mismo hospedaje con Roberto y Daniella, una pareja de chilenos que también viajan en moto. Rápidamente hicimos amistad y organizamos una excursión para el día siguiente.

Al acostarme siento el viento fuerte, se despeja y a través de la ventana de la habitación veo un cielo límpido y la cruz del sur refulgente, era un buen augurio, hasta hacía un rato llovía pero eso me alentó a que quizás el día siguiente estuviera lindo. Me dormí con la satisfacción de haber llegado a ese lugar que ansiaba mucho conocer.
Amaneció nublado, sin lluvia y sin viento, una agradable temperatura nos cobijaba. Un rayo de sol se coló entre las nubes e iluminó suavemente las casas que miraban hacia el este colgadas del pequeño cerro.

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Una embarcación había descargado sobre el muelle un enorme montón de leña donde un cabro joven (muchacho) iba y venía transportando los pesados troncos sobre sus hombros, todo es a fuerza de madera, se construye con madera, se calefacciona con madera, se cocina con madera, se vive de la madera. Unas pocas personas caminaban tranquilamente por la pasarela sacando fotos; un hombre castigado por los años pasó a mi lado con un enorme bidón de combustible sobre su hombro y colgando en la otra mano una motosierra, herramienta vital y básica en esos lugares; una joven mujer subía pausadamente las escaleras deteniéndose brevemente en los descansos, en sus brazos llevaba a su pequeña hija; lentamente el pueblo comenzaba a despertar a lo cotidiano.

El suave ronroneo de un motor fuera de borda me hizo mirar hacia el muelle. Puntualmente a las 9:30 hs atracó una vieja embarcación de madera. Habíamos acordado con Eladio que nos llevaría a la Isla de Los Muertos. Éramos 5 personas.
Lentamente nos alejamos y comenzamos a navegar por el fiordo para luego entrar y remontar el caudaloso Río Baker. Con la pericia de alguien que ha navegado mucho esa zona, fue esquivando los bancos de arena y dirigiendo la embarcación por las zonas más seguras del río. Al cabo de media hora llegamos a un pequeño muelle.
Un cartel de madera indicaba la llegada al "Monumento Histórico Nacional Isla de Los Muertos".

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Caminamos unos 200 metros hasta llegar al cementerio.
Actualmente se pueden apreciar 33 cruces con sus respectivas tumbas, se dice que el numero fue mayor pero con los años fueron desapareciendo debido a la erosión fluvial.
Las altas cruces de madera de ciprés de las Guaitecas, variedad de árboles que pretendían explotar, se alzan por encima de los helechos que pueblan el húmedo suelo, algunos árboles han crecido entre estas, musgos y líquenes se aferran a la madera en su mundo delicado y casi microscópico, en alguna de las cruces se ha podido hacer legible el texto original.

Sobre el origen de las muertes o causas de la tragedia ocurrida en 1906 existen varias versiones:
En 1905 la Compañía Explotadora del Baker efectuó un enganche de 270 hacheros en Chiloé, para que durante el verano y otoño de 1906 efectuaran trabajos de limpia y madereo en el sector.
Su principal campamento y centro de operaciones estuvo en Bajo Pisagua.
Estos trabajadores (según Norris y Soto, 1976) debieron volver a su tierra a mas tardar en Junio de ese año, pero debido al naufragio del barco que venía en su búsqueda desde Punta Arenas y el desvío hacia Valparaiso del buque que le reemplazo (a raíz del terremoto de 1906), la salida de los obreros se fue postergando hasta Septiembre.
La primera versión de las muertes señala que debido al atraso de la llegada del barco y la escasez de alimentos disponibles, se habría ocasionado una epidemia de escorbuto.
La segunda se refiere a un envenenamiento con antisárnico y otra variante es la del envenenamiento intencional para evitar el pago a los trabajadores.


Como quiera que haya sido, el esfuerzo de esos pobres hacheros quedó sepultado en una pequeña isla muy lejos de su pueblo natal. Viendo el entorno no cuesta mucho imaginarse las difíciles condiciones de vida en ese lugar y en esa época, un clima hostil, frío y lluvioso, extremadamente húmedo hasta el cansancio.

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Al retornar a Tortel almorcé un exquisito "bife a lo pobre" en un pequeño restaurante, con vista a la caleta y dedique la tarde a recorrer gran parte de los 7 km de los pasarelas. Fue un día de descanso.

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Al día siguiente, recorrimos con Roberto y Daniella los 44 km que nos separaban de Puerto Yungay para tomar la barcaza de las 12:00 hs.

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El cruce del Fiordo Mitchell fue sumamente placentero y relajado. Las motos indiscutiblemente atraen la atención tanto de turistas como de parte de la tripulación que no dudan en realizar preguntas y entablar breves conversaciones.

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Los 100 km restantes que nos separaban de Villa O'Higgins fueron un paseo. Que poco faltaba para llegar al final!.
En ciertos tramos comimos el polvo de algunos vehículos que nos antecedían, dado que todos bajamos de la barcaza al mismo tiempo y la velocidad fue similar entre todos.
Entramos al pueblo a primeras horas de la tarde. Ubicamos un lugar donde hospedarnos y una vez resuelto el tema debíamos resolver otra urgencia, el almuerzo. Se notaba que acariciábamos de alguna manera el éxito de llegar hasta ahí y con casi toda la tarde por delante la situación era muy relajada. Almorzamos y nos dispusimos a recorrer los escasos 7 km que nos separaban de Bahía Bahamóndez.

Habíamos llegado al final de La Carretera Austral!!!

Un muelle, con una vieja barcaza, algunas embarcaciones de menor porte y algunos vehículos estacionados, fue lo que encontramos. A partir de acá solo se puede seguir navegando el Lago O'Higgins para continuar luego a pie.
Un cartel anuncia el fin de la carretera. 1247 km desde Puerto Montt.

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Fue una sensación extraña, por un lado cierta euforia y alegría por haber alcanzado tan ansiado objetivo y por otro el pesar de que de alguna manera se había terminado, la expectativa que genera el camino, cuando por delante tengo algo por descubrir, había llegado a su fin.
Con esa mezcla de sabores volvimos a la Villa.
Villa O’Higgins se considera el fin de la Carretera Austral y la puerta de entrada a los campos de Hielo Sur, con unos 500 habitantes se recuesta a un lado de la carretera Austral que hace las veces de avenida, a un lado el aeródromo con su pista paralela a la carretera y al otro el pueblo, con sus calles cubiertas con adoquines de concreto, las veredas de cemento, una plaza muy prolija con una especie de techados en forma de galerías abiertas que la atraviesan por sus diagonales, todo está muy ordenado a pesar de su escasa extensión. Desde el mirador se puede apreciar completamente el poblado inmerso en un inmenso valle.

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A la tardecita revisé la moto y la acondicioné para mi objetivo del día siguiente, cruzar a Argentina por el paso Jeinemeni y alcanzar el pueblo de Los Antiguos.

En el hospedaje todos dormían, muy temprano tomé un café, cargué todo y partí, sobre la moto había una fina capa de hielo, la mañana se presentaba excepcional, el frío se hacía sentir pero apenas el sol cobrara altura todo cambiaria, mi intención era ir muy tranquilo, disfrutar sin transito el camino y apreciar los exquisitos paisajes. Debía llegar al trasbordador de las 11:00 hs, esto me permitía aprovechar al máximo el día dada la distancia que ambicionaba recorrer.

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Al tomar una curva apareció ante mí la rampa de Río Bravo, la barcaza se aproximaba lentamente, había llegado a tiempo. Una larga fila de vehículos que me habían superado en el trayecto mientras regulaba mi velocidad y aprovechaba a sacar fotos, se encolumnaban para abordar, mal que les pudiera parecer los sobrepasé y me puse prácticamente primero. Conocía la barcaza y sabía que las motos iban primero para acomodarlas en un lugar donde no cabía el resto.
Faltaban apenas unos minutos para abordar cuando veo aparecer el KLR 650 de mis amigos de ruta, Roberto y Daniella tuvieron que venir a buen ritmo para llegar en horario.

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Al descender en Puerto Yungay, solo nos quedaba un largo camino por recorrer. El camino muy seco nos obligaba a viajar separados para no sufrir el polvo. Al llegar a Cochrane, nos despedimos. Ellos almorzarían tranquilos y luego llegarían solo a Puerto Bertrand. Por mi parte, luego de cargar combustible, comer algo de fruta y descansar un rato a las afueras del pueblo, retomé mi ritmo y solo me ocasionalmente, parte del camino ya lo conocía hasta pasar Puerto Bertrand y llegar al desvío El Maiten, a partir de ahí tomé hacia Puerto Guadal recorriendo la costa sur del gran Lago Gral. Carrera.

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El ripio variaba mucho, a veces bueno y otras no tanto, por momentos el camino fue muy duro. A medida que viajaba hacia el este, el paisaje se tornaba más árido, trepó por unas zonas muy rocosas con curvas cerradas donde el entorno era muy diferente a todo lo que había visto, pero no menos impactante.

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Parecía que no llegaba nunca hasta que apareció un cartel que anunciaba Chile Chico a tan solo 5 km, grité dentro del casco, unas palmadas con la mano izquierda sobre el tanque a modo de agradecimiento a la moto y ya casi estaba ahí. Es mi costumbre, esas palmadas al inicio de la jornada para pedirle que me lleve y lo mismo al llegar para agradecerle, también le hablo, pero no piensen que estoy loco. ¡No sufro de locura, la disfruto a cada momento!.
En la puerta misma de entrada al pueblo pisé el asfalto después de 400 km de ripio, lo atravesé por la misma ruta que se convierte en una avenida y luego de los trámites migratorios y aduanas, tanto de Chile como de Argentina, entré estoicamente en Los Antiguos como un gladiador que vuelve triunfal de la batalla.

Al día siguiente, con una mañana espléndida y una temperatura muy agradable me hice a la ruta.
El paisaje iba a ser muy similar todo el camino.

La Patagonia argentina me mostraba su fascinante e inconmensurable estampa. Detenerse en el medio de esa nada, donde la vista se pierde en el horizonte y escuchar su silencio solo perturbado por el viento resulta por demás impactante.

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Al llegar a Gdor. Costa fui al encuentro de mi amigo Omar y su familia, quienes me hospedaron. Demás está decir que el cordero al asador estaba exquisito, o sería el hambre?..., bueno de todas maneras así como disfrutamos del asado también lo hicimos con una larga charla que duró hasta casi las 5 de la madrugada. ¡Gracias amigos!
Temprano, unos mates y la ruta nuevamente hasta Bariloche.

Llegar a casa sin haber tenido algún percance fue también un gran motivo de satisfacción y agradecimiento, con mucho para contar y compartir.

Había recorrido 1200 km de ripio y 1500 km de asfalto.

Gracias a mi esposa e hijos por bancarme una vez más.

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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor Gercho el Mié Mar 05, 2014 5:34 pm desde San Isidro, Buenos Aires, Argentina

Que buenos lugares, buenas fotos y que buen viaje! Te felicito y gracias por compartirlo.

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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor Indian el Mié Mar 05, 2014 5:50 pm desde Colonia, Uruguay

::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap Gracias Javier!!!!

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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor Guille el Mié Mar 05, 2014 6:24 pm desde Capital Federal, Argentina

Gracias por el paseo! que buena salida :wink:

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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor natoch el Mié Mar 05, 2014 6:40 pm desde Posadas, Misiones, Argentina

Impecable, una vez más!!.

::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap

Espectacular todo: fotos, viaje y relato!. ::em ::em

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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor alf el Mié Mar 05, 2014 6:58 pm desde Villa Devoto, Capital Federal, Argentina

Repetirte lo de siempre que subís tus aventuras, ESPECTACULARES!!!! Muchas gracias por compartirlas tanto el magnífico relato como las maravillosas fotos. ::ap ::ap ::ap


Por otro lado y como vendí el KLR 250, tengo entonces la excusa perfecta para ni siquiera pensar en semejante viaje....claro que el Tornadito nuevo lo veo de reojo y le corre una gota de transpiración :lol: :lol: :lol:

Gracias Javier!!!

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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor osacarlp el Mié Mar 05, 2014 7:14 pm desde La Plata, Buenos Aires, Argentina

Que imágenes espectaculares y que bien armado el KLR soberano de esas rutas te felicito, el relato de primer nivel ::ap
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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor nacho_rosario el Mié Mar 05, 2014 8:11 pm desde Capital, Santa Fe, Argentina

Excelente Javi, como siempre!!! ::c61 ::c61 ::c61 ::c61 ::c61 ::c61

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Y que me entierren parao, si yo he vivido parao, si pague el precio que paga el que no vive arrodillao... SIEMPRE PARAO!!!!!!!
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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor gustavo88 el Mié Mar 05, 2014 9:33 pm desde Villa Crespo, Capital Federal, Argentina

Como siempre, un placer leer tus relatos y admirar tus fotos! Felicitaciones! Algún día seguiré las huellas que dejaste en esas rutas :D :D :D

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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor AlfredoXJ6 el Mié Mar 05, 2014 10:41 pm desde La Plata, Buenos Aires, Argentina

Javier..... GRACIAS DE NUEVO! por compartir todo esto y por la manera en que lo hacés, cada vez que veo un post tuyo me pone contento porque se que lo que voy a encontrar va a ser un gustazo de ver y leer.
Gracias loco, lo tuyo y lo del KLR ya no tiene nombre
::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap ::ap
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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor MFSFIAT600 el Mié Mar 05, 2014 10:58 pm desde Marcos Paz, Buenos Aires, Argentina

::ap ::em

Pocas veces uso estos signos y ya los use 3 veces en tus post...


Javier.


Pufff...

la mejor media hora de lectura en semanas.

Gracias.

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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor Indian el Jue Mar 06, 2014 7:56 am desde Colonia, Uruguay

Javier,disculpá que pase de vuelta,tus viajes son como un imán...y por el KLR,no necesita que lo mimes mucho,seguro está re orgulloso de las fotos que le sacás con esos paisajes ::em ::em .
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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor Vincent350 el Jue Mar 06, 2014 9:53 am desde Villa Urquiza, Capital Federal, Argentina

Definitivamente, un espectaculo!! Sana envidia desde la ciudad de la furia ::ay
Ya voy a llegar....

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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor Jack el Jue Mar 06, 2014 11:35 am desde La Plata, Buenos Aires, Argentina

:shock:
Si... sorprendido, porque es la primera vez que me engancho sin perderme una coma en un relato así. Fácil tarea por lo exquisito del relato y por las numerosas (e impecables) fotos.
Un lujo de recorrido. Un lujo el post.
Un capo.
Te felicito y te agradezco lo compartas con nosotros!
Un abrazo!
::ap
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Re: Carretera Austral: ¡Sos mía!

Notapor dariokc el Jue Mar 06, 2014 5:33 pm desde La Matanza, Buenos Aires, Argentina

Como siempre, lerte y ver las fotos me hace viajar virtualmente, aunque quisiera ::co y salir ya a viajar en la moto!!!!!!
Felicitarte solo por el viaje es poco, ya que la manera de relatarlo y fotografiarlo son un placer inmenso para mi.
Lo iba leyendo con el maps abierto para seguir el camino que recorriste.
Muchas gracias como siempre por dejarnos disfrutar de tus aventuras. ::ap ::em
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